La Educación. Una Interacción vital en la Comunicación

Clase

Apuntes de Clase

 

 El concepto de educación, dada su íntima relación con lo que implica la condición humana, es un concepto muy complejo de abordar. Las acciones humanas tan cotidianas por su habitualidad, se nos presentan muy cercanas y comunes, pero al momento de precisar conceptos y analizar significaciones, recuperan su real dimensión y complejidad. Es necesario precisar, para efectos de esta propuesta, que se entiende por educación aún asumiendo el riesgo permanente del error que implica tratar con lo complejo de un concepto característico de la condición humana. Para abordarlo se recurre a otra acción propiamente humana y, en consecuencia también, compleja: la comunicación. La educación es un mensaje entregado actualmente para ser utilizado en el futuro. Es decir, su entrega, que es actual, seguirá actuando en el futuro como un eco, en la aplicación de lo aprendido por quien aprendió. Esto implica una serie de consideraciones, ya que este futuro sólo puede presagiarse, sin la certeza de lo que será. En consecuencia el mensaje que se entregará, es de la mayor importancia dada las consecuencias de éste y la permanencia temporal de sus efectos.

 Como lo señalara Dewey (Dewey, 1916), la educación es un proceso mediante el cual un grupo social entrega conocimientos considerados relevantes por ellos mismos, con la finalidad de asegurar la supervivencia colectiva. Estos conocimientos van desde los integrantes de más edad hacia los más jóvenes para asegurarles una correcta integración al medio social donde desarrollarán su vida. Esta entrega podríamos sintetizarla en un proceso de comunicación de cultura, para replicar la organización social actual en el futuro, en que los miembros del grupo que se educa, aplicarán la cultura absorbida a su propia vida adulta con pleno ejercicio de sus posibilidades. No es osado afirmar entonces, que las consecuencias de un proceso educativo se manifestarán por un período importante de la vida de los individuos educados y siendo un proceso comunicativo basado en el lenguaje, asume de él la capacidad de construir realidad. La educación que se entregue ahora determinará en parte, al confrontarse con ese contexto futuro que se desconoce, la realidad en la cual se desarrollarán los individuos. Queda de manifiesto lo determinante que será para el desarrollo de una sociedad la educación que entregue a sus individuos. El “qué” de la educación o, dicho de otra manera, el contenido de este mensaje vital que constituye la educación, debe ser abordado con transparencia, responsabilidad y acuerdo. Es claro que todo mensaje carece de neutralidad y desinterés, porque como mensaje, como acción humana, tiene un origen y una intensión, así mismo, la educación será influenciada por intereses que tratarán de determinar la realidad que el grupo social construirá. Es tarea prioritaria entonces transparentar que intereses están detrás de los contenidos de la educación y, mediante mecanismos democráticos, generar acuerdos respecto de estos contenidos a la luz de las consecuencias para el grupo social.

 Si tomamos distancia, de las acciones y consecuencias que están en juego en la educación, claramente podemos apreciar que no sólo es un acto de supervivencia colectiva entregar conocimientos relevantes a los miembros más jóvenes de una comunidad, que implican saberes, valores y cosmovisiones, sino que es el acto de diseñar la sociedad misma en que se desarrollará el ejercicio vital de la existencia.

 Se reconoce la relevancia de transparentar tanto el contenido de la educación, como los objetivos que se persiguen con ella. Se reconoce también un radio de acción que toca el futuro por esencia desconocido. Es en este mar de posibilidades que aparece con mayor fuerza aún la dimensión ética de la educación que debe establecer un marco referencial de la acción educativa centrada en lo humano. La condición humana hace un llamado a respetar una serie de condiciones necesarias para que éste pueda desarrollarse y sobrevivir (MORAL / ÉTICA).

Como ya lo advirtiera Morín, además del contenido de lo que se enseña debe revisarse lo que se considera conocimiento y las maneras de acceder a él. “El conocimiento del conocimiento debe aparecer como una necesidad primera que serviría de preparación para afrontar riesgos permanentes de error y de ilusión que no cesan de parasitar en la mente humana” (Morín, 1999). Esta revisión permanente de lo que se hace y sus consecuencias no sólo debe abarcar contenidos, sino también los mecanismos mediante los cuales se valida el conocimiento en nuestra sociedad. Esta forma de conocer también será determinante en construir las certezas colectivas que más fácilmente de lo deseable pueden caer en errores con sus correspondientes consecuencias, que se agravan en un proceso educativo por su incidencia en el grupo social.  

 Una respuesta posible frente a la incertidumbre es el establecimiento de principios democráticos de interacción para acceder mediante el diálogo y la revisión colectiva a certezas que permitan encaminarse a un conocimiento de un valor global alejándose de respuestas determinadas por intereses particulares.

 Referencias

 Dewey John, (1916), Democracia y Educación, Ediciones Morata, Sexta edición, Madrid, 2004.

 Morín Edgar (1999), Los Siete Saberes Necesarios a la Educación del Futuro, UNESCO, París.

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