¿Por qué quemar una micro?

Comentarios al Discurso de Pepe Mujica, presidente electo del Uruguay, del 1 de marzo de 2012 En el encuentro con los intelectuales, el miércoles 29 de abril de 2009 en el Palacio Legislativo, Montevideo, Uruguay.

http://www.envio.org.ni/articulo/4138

Aspectos relevantes para una institución de educación superior en su trabajo con jóvenes

Uno de los objetivos de la educación en general es la habilitación de los estudiantes para su incorporación en el mundo laboral y todas sus interacciones sociales que lo componen. Esta finalidad adquiere una particular importancia cuando la formación que se entrega se enmarca en el nivel de la educación superior; pues el resultado de este proceso será un profesional que aportará a moldear la sociedad en que se desempeñará en una interacción natural junto a otros profesionales e integrantes de la sociedad. De esta forma, se produce una paradoja temporal, en que la formación actual servirá para responder a un contexto social futuro, que obviamente, aún no existe. Si esta realidad por abordar se desconoce, se hacen trascendentes los principios desde los cuales se abordará. De manera que los datos objetivos que constituyen los soportes teóricos de cada disciplina se hacen tan relevantes como los principios que guiarán el actuar de los profesionales que los ejerzan.

Cada sociedad se perpetúa mediante la educación, que es el medio para darle continuidad a los saberes acumulados por ésta. Entregados de una generación a otra. Sin embargo, en la perspectiva propia de los jóvenes y su firme adhesión a la creencia en un mundo mejor, cada generación aporta con una nueva propuesta de sociedad que recoge todas las críticas no resueltas de la generación anterior. En este sentido es real y posible que la sociedad se proponga y construya un ideal de sociedad que incorpore los principios que considera valiosos. Esta propuesta de realidad necesariamente debe surgir como producto de un diálogo que cubra la heterogeneidad de principios que coexisten en un grupo social. Si no es así, habrá grupos que se sientan excluidos o marginados. El diálogo, entonces, es la herramienta ineludible. Pero este diálogo debe ser reflexivo y pensante, lo que requiere de formación y soporte intelectual.

El fin último que se propone generalmente cada ser humano es alcanzar la felicidad, pero este concepto tendrá tantas maneras de realizarse como visiones existan en un grupo social. De manera que una propuesta de vida feliz debe pasar por un proceso reflexivo en un contexto de diálogo para llegar a conclusiones que nos aproximen a certezas comunes. El fin de proveerse de una realidad, para alcanzar la felicidad, no es una realidad fundada en la riqueza material sino una propuesta producto de la reflexión, de cómo debiera ser una sociedad que ofreciera oportunidades para todos en una búsqueda permanente de las respuestas para visualizar esta vida feliz.

La reflexión pensante exige poner las capacidades intelectuales particulares al servicio de un “nosotros” y no de la particularidad de los intereses individuales. Cuando hacemos a un lado la obviedad de la heterogeneidad de una sociedad surgirá el egoísmo, el individualismo, y consecuentemente la injusticia y la desigualdad. Será un ámbito donde fácilmente unos podrán sentirse privilegiados, superiores y excluyentes, mientras otros perjudicados, evadidos, excluidos. Una sociedad de la desigualdad es una sociedad de la injusticia, y la injusticia genera la frustración, que en un proceso creciente se convertirá en violencia.

La frustración natural surge de la pregunta ¿si en nuestro país contamos con un capital humano avanzado, con formación de excelencia a nivel mundial, por qué no se aborda definitivamente un problema tan transversal como la educación de calidad para nuestra sociedad chilena?

El argumento de la dificultad y complejidad del problema se desvanece frente a la calidad de profesionales que si pueden dar respuesta a otros contextos sociales, países y realidades, pero que no hemos incorporado a una reflexión interna para nuestro propio país. Si nuestra generación no lo hizo, al menos preparemos a nuestros jóvenes en el pensar, además del dato, debemos entregar la capacidad de la reflexión intelectual fundada en principios, de manera que dejemos de ver como imposible, lo que otras sociedades ya viven como una realidad.

Si continuamos en una sociedad basada en la desigualdad y la visión de la educación como privilegio excluyente, no debe extrañarnos que esos consecuentes niveles de frustración se traduzcan una vez más en reacciones violentas y estallidos sociales. Tenemos el capital humano, falta la voluntad.

Julio de 2012

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